viernes, 20 de abril de 2012

ADOPCIÓN: EL APRENDIZAJE DE UNA NUEVA LENGUA


  Algunos aspectos específicos en Adopción Internacional.
 

Función comunicativa – función cognitiva.
El lenguaje, entendido como capacidad simbólica, es una de las capacidades humanas más poderosas y al mismo tiempo es el atributo que puede manifestarse como más frágil. Por otra parte está profundamente arraigado en nuestro ser como ninguna otra capacidad psicológica al vehicular nuestras relaciones con los otros y con el mundo. Para su existencia y desarrollo depende del entorno social y cultural en el que estamos inscritos.
A efectos expositivos podríamos distinguir tres funciones principales del lenguaje:

1.      La comunicación.

2.      La autorregulación.

3.      La operación cognoscitiva (pensamiento).

Muchos niños procedentes de la adopción probablemente hayan escuchado y hablado poco en su lengua materna y tengan un lenguaje limitado, su desconocimiento de la propia lengua puede estar ligado a la falta de vínculos de comunicación y de intercambios afectivos. Algunos niños pueden presentar trastornos en la adquisición del lenguaje, porque el desarrollo del lenguaje está condicionado por la interacción entre el niño y los demás. Un niño con escasa interacción con figuras adultas estables va a presentar dificultad en el desarrollo del lenguaje.
Una vez que los niños se han adaptado a su nueva realidad y se ha consolidado el proceso de apego a su familia adoptiva se observan grandes progresos en la evolución de la nueva lengua, un buen indicador de los cambios que producen las interacciones relacionales que están teniendo con adultos estables. 
El lenguaje coloquial que permite la interacción con los otros suele adquirirse con bastante agilidad (función comunicativa).
No sucede lo mismo con la comprensión de conceptos de mayor complejidad. En algunas ocasiones, y aunque los niños hayan adquirido un elevado nivel de comprensión y expresión en la nueva lengua, pasado un tiempo pueden presentarse dificultades para:

·        Comprender términos abstractos.

·        Comprender historias de lecturas más complejas.

·        Seguir instrucciones multi-secuenciales.

·        Comprender preguntas conceptuales o hipotéticas.

Vemos como el desarrollo de habilidades lingüísticas más abstractas (función cognitiva) está más comprometido en los menores adoptados. Puesto que el lenguaje escolar es un lenguaje más descontextualizado y su comprensión no viene dada por la situación comunicativa concreta, la comprensión de conceptos en el aula irá por detrás de lo que podríamos esperar observando sus habilidades comunicativas.

Conservación de la lengua original. 

El tema de la conservación de la lengua del país de origen en los menores adoptados ha sido un problema no suficientemente debatido, y se ha resuelto con celeridad sin haber entrado en algunas consideraciones que pueden matizar la oportunidad de fomentar  su aprendizaje y uso.
Por un lado existe un consenso generalizadode que los niños que inician el aprendizaje de otras lenguas en edades tempranas tendrán más facilidad para ser bilingües o plurilingües y que incluso el aprendizaje de varias lenguas en paralelo beneficia el desarrollo cognitivo y los aprendizajes. 
Sin embargo en adopción el proceso de adquisición de la lengua materna se  interrumpe abruptamente en su aprendizaje y   es  sustituido por una segunda lengua. Si una lengua no se utiliza y carece de valor funcional desaparece. Es por lo que en un niño adoptivo (dentro del primer año en su nuevo hogar) la lengua materna se extingue rápidamente y la nueva lengua  asume sus funciones.
El idioma de origen, en muchas ocasiones, no tiene ningún significado funcional o sentido personal para  el niño, mientras que necesitan el  idioma en el que están inmersos plenamente funcional para su adaptación a la nueva realidad  material y relacional. Su anterior idioma, en la inmensa mayoría de las ocasiones, no será apoyado (hablado) por su nueva familia, pero esa misma familia le proporcionará el modelo de  lengua actual apropiado.
La enseñanza de su lengua de origen  o apoyos para el mantenimiento de la misma  (para sólo una parte del día y sin el lenguaje de la familia)  conducirá en no pocas ocasiones a una turbación en la comunicación  y a generar confusión.  En este caso, el esfuerzo por el mantenimiento de la lengua, sería un gasto de tiempo y recursos así como impedir el estudio del niño del  idioma del nuevo país en el que están inmersos. El vínculo lingüístico favorece el apego y el niño que aún no tiene rudimentos de nuevo idioma  con el que se comunica con sus padres puede recibir mensajes contradictorios.
Una frecuente y errónea comparación a este respecto es la que se hace con niños inmigrantes. Para los niños de familias inmigrantes, la adquisición de una nueva lengua a menudo está basada en un   modelo “aditivo”, se dará una  relación dinámica entre las primeras y segundas lenguas, pudiéndose cambiar su predominio, su importancia subjetiva y su dominio relativo. Cuando la segunda lengua es agregada a las habilidades del niño sin peligrar sustancialmente su lengua materna llamamos este el modelo “aditivo” de bilingüismo ya que familias inmigrantes con su lengua materna totalmente funcional. Este no es el caso de la adopción.
Puede ser una dirección errónea, la educación y actividades bilingües relacionadas con la lengua de origen, que se realizan en muchos lugares (dirigidos por una mal entendida prescripción de conservar la cultura y raíces, o bien por considerar el idioma inicial del menor como un “valor añadido” del currículo futuro del menor).
Así a la hora de fomentar la conservación de su lengua es necesario tomar en consideración la edad del niño, el valor funcional de su lengua, el significado vincular de la misma…etc.

Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo.

  







 

jueves, 19 de abril de 2012

GUÍA DE POSTADOPCIÓN


Título : El reto de ser padres. Guía de postadopción. Editorial Salvat.

El libro pretende ser una guía diferente para los padres adoptivos que se interrogan por los problemas que comparten con sus hijos.

Número de páginas: S/C      Autores: J.A. Casalilla . Lila Parrondo , J. A Reguilón , Felipe Marín, Fernando Bermejo  

Formato: 190 x 240             

Características: cartoné, interiores en bicolor

ØLibro eminentemente práctico, muy visual y divulgativo.

ØToca todos aquellos aspectos que los padres que quieren adoptar necesitan saber, tanto en la etapa de preadopción como, sobre todo, en la de postadopción.

ØIncluye páginas de consejos para superar con éxito todo el proceso, teniendo en cuenta tanto la perspectiva de los padres como la de los hijos.

ØMuchos de los consejos se pueden aplicar tanto a los hijos adoptivos como a los biológicos.

ØSe ocupa del niño desde la primera infancia hasta la adolescencia, de modo que el abanico de edades es muy amplio.

ØSe aportan testimonios reales, que llegarán más al lector.

ØIncluye también glosario, lecturas recomendadas y una lista de organismos oficiales relacionados con la adopción y el menor, en todas las Comunidades Autónomas.

ØAutores de reconocida autoridad en el mundo de la adopción

 www.youtube.com/watch?v=cmTsvhZxGG0

miércoles, 18 de abril de 2012

LA VALORACIÓN DE SOLICITANTES EN ADOPCIÓN: UNA NUEVA TAREA PARA UNA NUEVA REALIDAD

 
Una nueva tarea para una nueva realidad.

La historia reciente de la  evaluación y posterior valoración de la idoneidad de los solicitantes de adopción, tiene un destino que de alguna forma se entrelaza con el  de la adopción internacional.

Este entrelazamiento se puede atribuir en gran parte al  extraordinario desarrollo de la adopción internacional que ha forzado de alguna manera a derivar gran cantidad de recursos, tanto materiales como profesionales a tareas relacionadas con esta forma distinta de llegar a ser padres. En los últimos años hemos venido contemplando como una realidad prácticamente desconocida  y que fue considerada al principio una opción de familias aventureras, se situó  en una alternativa generalizada de acceso a la paternidad.

Así un fenómeno, como el de la adopción, con el que se había convivido durante mucho tiempo desde el secretismo y la ocultación, crece y se hace visible. Quizá la ilusión de solidaridad y la ausencia en el escenario cercano de la familia biológica de los niños y niñas de otros países contribuyó, entre otros múltiples factores fecuentemente mencionados, a este “boom”.

Esta nueva realidad ha promovido importantes cambios legislativos, procedimentales y técnicos, necesarios para garantizar que quedaran a salvo los derechos de los menores, de las familias solicitantes así como los compromisos internacionales implicados, dada la complejidad del proceso que implicaba necesariamente  la intervención de administraciones de países distintos.

Esta serie de cambios legislativos, procedimentales y técnicos han generado también un nuevo encuadre profesional, el cual ha requerido de los técnicos implicados, los cuales en su mayoría  venían trabajando en Infancia y familia, una serie de tareas novedosas, necesarias para satisfacer las necesidades generadas en las familias y los niños/as implicados en el proceso. Nos referimos genéricamente a las necesidades de formación, evaluación y tratamiento que “emergen” del proceso de Adopción Internacional.   

A este respecto, aunque la  experiencia del trabajo profesional con la adopción nacional había creado entre los  técnicos una tradición  práctica  que resultó de enorme utilidad para las novedades de la adopción internacional, no es menos cierto que las características específicas de esta forma de adopción (referidas tanto a las peculiaridades de los solicitantes y menores implicados, como a las complejidades de la tramitación ) han ido planteando problemas propios para los que no siempre había una respuesta profesional adecuada. En este sentido la demanda institucional (entendida como necesidades emergentes de menores y familias) ha ido muy por delante de la respuesta profesional.

Algunos avances y muchas tareas pendientes.

En este contexto la valoración de la idoneidad no podía ser una excepción, pues a pesar de que en el  análisis llevado a cabo en 2007 por Jesús Palacios  (Trabajo realizado por encargo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales) se afirmaba que la valoración de idoneidad  es señalada como el único momento de la intervención profesional que aparece con perfiles claros y con indudable relevancia, en el sentido de algunos aspectos relacionados con la valoración de idoneidad aparecen claramente identificados (por ejemplo, la diferencia de edad entre adoptantes y adoptados, niveles de ingresos…etc) existe un serio déficit de conceptualización y acuerdo en relación a qué es la idoneidad, el cómo se evalúa y el cómo se valora.

No obstante en estos últimos años se ha avanzado perfilando el concepto, se han generado modelos para afrontar su evaluación, los profesionales saben mejor  lo que buscan y la postadopción ha fertilizado con sus enseñanzas la valoración.

Sin embargo la valoración de la idoneidad sigue lastrada entre otros factores por:

  • El momento que ocupa en el proceso, donde se sitúa a los solicitantes en un lugar de no pensar, no reflexionar (la obtención de un CI de acuerdo a sus deseos es lo único importante en ese momento).
  • Una normativa autonómica diversa y dispersa al respecto y por último y quizá más importante,
  • padecemos un déficit de conceptualización de la propia idoneidad que impide una legislación más homegénea a nivel estatal, un concepto compartido con la administración de justicia y que dificulta el desarrollo de instrumentos de evaluación.
Caminos por recorrer

De los tres lastres que mencionamos más arriba,  dirigiremos nuestra atención al que quizás sea el más central,  pues tal y como hemos avanzado,  no  se ha generado un concepto claro y distinto de la idoneidad para la adopción, diferenciado de la aptitud para ser padres de los hijos biológicos.

Cabe señalar que en la idoneidad para la adopción, lo que se busca es una familia que garantice la atención de ese menor cuya familia biológica ha fracasado en esta tarea, sin que la no idoneidad suponga la incapacidad para ostentar la guarda y custodia de los hijos biológicos engendrados por la pareja.  

La idoneidad estaría, por tanto, en el “reverso” de este concepto pues no se trata de que existan pruebas de que la familia y/o solicitantes sean inadecuados, y en consecuencia decretar su “no idoneidad”, sino que demuestren que son capaces de “asumir las peculiaridades, consecuencias y responsabilidades que conlleva la adopción internacional”, tal como recoge la Ley 54/2007 de Adopción Internacional, a fin de poder dictaminar su idoneidad.

Por otro lado, a nivel técnico, es evidente la necesidad de homogeneizar los criterios de los profesionales que evalúan y valoran, superando las diferencias entre los modelos existentes sobre la idoneidad. Para ello, es necesario seguir el camino trazado por la ley de Adopción Internacional, la cual reconoce la existencia de peculiaridades a la hora de ejercer la patria potestad sobre los niños que provienen de la adopción, peculiaridades que emanan de la singularidad de incorporar a un menor con historia y existencia previa.

Por lo tanto, siguiendo esta lógica, en primer lugar debemos avanzar en la concreción del concepto de idoneidad, generando modelos inspirados en la realidad de la adopción, no exportados de otros ámbitos, modelos que nos permitan incorporar todos los conocimientos psicológicos sobre infancia, familia y adopción, definiendo con claridad cuáles son esas singularidades específicas que vamos a requerir de los solicitantes de adopción, superando modelos que asimilan la idoneidad a determinadas características personales de los solicitantes, y también salvando las diferencias entre los modelos basados en competencias y otros fundamentados en la valoración de la disposición actual de los solicitantes. Y en segundo lugar, se deben definir instrumentos de medida de cada uno de los aspectos que se consideren relevantes para los modelos que se asuman y unos criterios de valoración compartidos. 

Por ello, de cara a elaborar un concepto de idoneidad compartido y consensuado que mejorararía la comprensión, interpretación y aplicación por parte de técnicos y magistrados de este concepto en la valoración de solicitantes, sería recomendable una armonización de las normativas autonómicas y de los manuales técnicos sobre la valoración de la idoneidad, en dos direcciones diferentes: una regulación detallada y pormenorizada que evite el amplísimo margen de interpretación de los profesionales  y el desarrollo de unos procedimientos técnicos de evaluación comunes junto con unos criterios de valoración compartidos por todos los profesionales implicados.

Como reflexión final, podríamos decir que este análisis pone de manifiesto las debilidades con que en la práctica nos venimos enfrentando en la evaluación y valoración de los solicitantes de adopción y que a pesar de que en los últimos años se han producido desarrollos legislativos y técnicos que nos sitúan en un buen camino, son muchas las tareas por realizar.



Casalilla, J. A.; Bermejo, F. A.; y Romero, A. (2008). Manual para la valoración de la idoneidad en la adopción internacional en Comunidad de Madrid.”. Comunidad de Madrid, Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF). 

http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_Publicaciones_FA&cid=1142417523034&idConsejeria=1109266187278&idListConsj=1109265444710&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&sm=1109265844004
 
Bermejo, F. A.; y Casalilla, J. A. (2009) “La jurisprudencia española sobre la no idoneidad de los solicitantes de adopción: Análisis e implicaciones”. Anuario de Psicología Jurídica, vol. 19, 73-91.

www.redalyc.org/pdf/3150/315025340007.pdf

Palacios, J. (2008) “Manual para Intervenciones profesionales en adopción internacional”. Ministerio de  de Educación Política Social y Deporte.


miércoles, 11 de mayo de 2011

DEPRESIÓN POSTADOPCIÓN

 La angustia del encuentro con lo radicalmente ajeno y la construcción del vínculo.

   Las situaciones y ejemplos que expondré a continuación para su  reflexión  pertenecen a la práctica diaria del trabajo en Adopción. Pretenden ilustrar cómo detrás de la construcción-creación del vínculo, como relación verdadera, existe necesariamente la desaparición y muerte de determinados seres previos a la misma. Seres previos que ocupan el lugar de lo por venir y que necesariamente deben ser destituidos para dejar paso a lo nuevo.
   Estos ejemplos de apego provienen de la adopción, campo privilegiado para el abordaje de determinados aspectos de esa conservación de seres previos de los que hablábamos más arriba.
    Intentaremos vislumbrar cómo el apego a determinadas construcciones que nos sostienen y nos donan un ser,  suponen un obstáculo para el encuentro con lo singular del otro, con lo actual… actualidad que aparece como una amenaza de pérdida de ser y de identidad.
   Pero ¿Por qué hablo de campo privilegiado? Al hablar de adopción…Las personas que desean ser padres mediante la adopción se ponen en una situación un tanto especial. Hacen una demanda explícita a una administración para conseguir un niño que les convierta en padres (demanda de ser). Sujetos racionales y responsables, tras un largo proceso informativo, formativo y evaluativo manifiestas “en pleno uso de sus capacidades” que desean incorporar un niño (hijo de otros) en sus vidas.  Podría afirmarse que “saben lo que quieren”.
   Esta demanda, ese deseo de “ser padres”, deseo de un otro que ocupe el lugar de hijo, se carga en la espera de una gran emoción, depositando en la llegada  del niño la satisfacción plena de sus deseos y el cumplimiento de sus expectativas; “es lo único que nos falta como pareja para ser felices”, “es lo que más deseamos en este mundo”.
   Nada aparece en los discursos previos que nos haga imaginar las paradójicas reacciones que en muchas ocasiones nos encontramos cuando comienza la relación, el “cuerpo a cuerpo” con las manifestaciones de ese otro radicalmente distinto.
   El encuentro con el niño, con esa existencia previa ajena a las construcciones propias y pre-existentes vendrán representadas en los casos que traigo para compartir  por un informe, unos datos, una fotografía, o el acto de profunda significación de aceptar ante un juez a ese extraño como hijo.
  El primer material  describe la angustia que despierta en una mujer - que se postula junto con su marido para adoptar y ser padres por primera vez- la comparecencia al acto judicial de constitución de la adopción.  Previamente a este acto jurídico la pareja viajó al país y conoció al menor, tras un proceso de deliberación resolvió aceptar a este niño como hijo. Meses después viajan al país y en  el juicio que tiene lugar renuncian a su adopción. La mujer  comenta:  
“he mentido a todo el mundo, incluso a  mi  pareja” añade” no he querido reconocer lo del niño, en el fondo no quería hacerlo, mentí cuando dije que no me importaba la edad“”no me dan ganas de acercarme a él ““lo de las características físicas distintas no lo aguanto” e insiste “tengo ganas de irme”. Sigue la conversación hablando sobre el tema de Adopción y ella dice “yo lo que realmente  deseo  es un hijo mío” añade “si  regreso con el niño lo voy a abandonar en cuanto llegue  porque realmente no siento nada hacia él”.
   Me comenta que necesita un tratamiento psicológico porque se da cuenta de que no puede con lo que en estos momentos está pasando en su cabeza, añade que se siente muy avergonzada pero ya no podía continuar, repite varias veces que ha mentido a todo el mundo, a toda su familia.
   El segundo material que traigo para su reflexión son las manifestaciones hechas por la pareja solicitante, en las cuales,  tras años de espera, justifican el rechazo de la asignación de un niño en el hecho de que el hueco y la espera estaban pensados para una niña.
 “creemos que el planteamiento de un futuro lleno de ilusión, se iniciaría en manos de esa niña….Hemos vivido con ella estos años…., en nuestro corazón y en nuestra vida. Guardamos sus vestidos, su habitación, su carrito y los juguetes de sus primitas, las cuales los apartan con una nota que dice su nombre… Y seguimos esperando para poder disfrutar con ella…”
   En la literatura sobre el tema, ese niño que se imagina, que se construye y crece en la espera se ha venido denominando “niño ideal”,  niño ideal que es confrontado con un supuesto “niños real”, que es el que aparece en el momento del encuentro.
   En la mayoría de ocasiones los profesionales nos apresuramos a rellenar/ salvar esa distancia con información científicamente contrastada del menor susceptible de ser adoptado (perfil, características…etc.). Pronto comprobamos con perplejidad que ese “saber” objetivo sobre el niño  es impotente para dar cuenta de la reacciones del niño y de los padres cuando surgen malestares relacionados con el encuentro y la posterior relación.
    Los profesionales, animados por la creencia de poder evitar las dificultades y malestares que rodean el encuentro, intentamos acercar un supuesto niño real que no es más que el ideal para nosotros.
     El niño ideal, lo es, no por perfecto, sino porque es imaginado y construido de acuerdo a las necesidades y deseos de los que esperan para ser padres.  
   Esta construcción propia, familiar, cargada de energía,  se confronta  (más tarde o más temprano)* con la  presencia real, la cual aparece como un lienzo en blanco para los futuros padres, frente a él se jugarán su destino. Lo nuevo que aparece podrá ser visto como un profundo abismo, huyendo espantados del mismo como en el primer caso que veíamos  o bien como en el segundo, confirmando quizá la existencia de lo que realmente se quiere pero no está ahí.
  Parece como si para que se establezca la relación se debiera producir una  muerte y una posterior renuncia,  un proceso de duelo por ese niño que se imaginó, un adiós a los aspectos imaginarios del proyecto. Es el momento en el que es lógico que se produzcan sentimientos de desánimo. Ahora ya no queda nada a lo que asirse, quizá sea el pánico del abismo del que hablábamos antes.
   Estos sentimientos, pueden ser tan profundos que pueden llegar a producir lo que  ya empieza a denominarse desde hace más de una década Depresión Post-adopción. Los nuevos padres pueden llegar a sentirse muy culpables por los sentimientos que albergan, y esto sumado a los largos períodos de espera, la fuerte idealización del proyecto, las vicisitudes del encuentro, pueden llevarnos a una importante “caída” del ánimo.
   Los caminos que quedan es retroceder espantado, afirmar que esto no es lo que uno esperaba y seguir ligado a lo construido… o en compañía,  dar un paso adelante destituir lo viejo para dar paso a lo nuevo, transitando por el duelo del ser previo construido en la espera y perdido al no ser encontrado en la relación. 
   No debemos olvidar que estos sentimientos de desánimo  tienen un valor,  pues apuntan a que nos estamos relacionando con nuestro hijo real, con sus singularidades, con las que nos gustan y con las que no nos gustan, y es necesario encontrarse con ellas para construir una relación veraz y auténtica.  
 ¿Qué motiva este repliegue del amor en ? ¿Que “peligro” augura el sujeto ante determinadas  escenas?
La represión del amor queda en los ejemplos que traigo a discusión, quizá, como señal de peligro de pérdida, pérdida de los objetos que estaban antes de la aparición de objetos nuevos. Reminiscencias eternas que  estarán a la base de la incapacidad de dar respuestas a las demandas actuales, de relacionarse con eso nuevo que emerge. Frente a la angustia, aparece la depresión post-adopción como señal del duelo necesario que augura el nacimiento de algo nuevo.
Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo. Psicoanalista.

viernes, 29 de abril de 2011

FAMILIAS TARDÍAS

  “Adopción Internacional: consideraciones en torno a esta nueva forma de constituirse en familia”

Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo.   
1.             INTRODUCCIÓN.
La adopción, regulada legalmente, tiene su nacimiento dentro de nuestro contexto histórico-cultural en el Derecho romano, con el fin de permitir la subsistencia de las familias carentes de descendencia, procurando de esta manera la pervivencia del culto y del patrimonio familiar a través de la herencia.  
A pesar de la poca atención recibida por parte de los textos legales, las legislaciones han ido poniendo de relieve cada vez más el interés del  menor  en lo que a la adopción se refiere, especialmente, a partir de comienzos del siglo XX con la aparición en el derecho de la noción “interés del niño”.
Podemos decir que se ha ido produciendo un cambio en el foco de la adopción, pasándose progresivamente de los intereses individuales del adoptante o adoptantes (dar hijos a quién carece de ellos), hacia el interés del menor necesitado de una familia que ponga remedio a su situación de desamparo.
La adopción queda así en nuestro ordenamiento jurídico como una medida de protección de menores, y no como un recurso para las familias.
Pero además, y junto con este cambio de “foco de intereses” a satisfacer con la adopción,  se ha venido dando también un proceso de “globalización” de la misma, pues si hasta hace unas décadas la adopción tenía lugar dentro de cada país de acuerdo a sus legislaciones particulares, en los últimos tiempos son las adopciones internacionales las que han tomado un auge importante.
Esto ha ocurrido como  consecuencia de múltiples factores entre los que destaca el descenso de la natalidad, la disminución del nacimiento de hijos no deseados y la mejora de los recursos de apoyo a las familias, lo que ha llevado como resultado lógico un descenso importante del número de niños susceptibles de ser adoptados dentro de los países desarrollados. Estos hechos han provocado el desarrollo de la adopción internacional en Europa, sobre todo a partir de los años 70, como una consecuencia del desequilibrio demográfico y socio-económico entre países desarrollados y no desarrollados o en serias crisis.
De esta manera, la adopción internacional, casi desconocida en España a principios de la década de los 90, se ha transformado en pocos años en una opción cada vez más generalizada de acceso a la paternidad.

2.    UN  BREVE ACERCAMIENTO CUANTITATIVO.

Son ya más de 43.000 los niños de origen extranjero que forman parte de familias españolas gracias a la adopción internacional. Las familias que han hecho hijos a estos menores, procedentes de sistemas de protección extranjeros, tienen como antecedentes en la inmensa mayoría de los casos una imposibilidad biológica para procrear, hablamos del 80% de los casos. Aunque son cada vez más las familias que ven en la adopción un “opción” más para tener hijos o ampliar la familia.
En la mayoría de los casos son parejas (85%) con una edad media al comienzo del proceso de alrededor de 40 años y sin hijos previos.

3.    LA ADOPCIÓN INTERROGA A LA FAMILIA.
            En este contexto la Adopción se ha venido revelando para los profesionales que trabajan en ella, como un ámbito privilegiado de cara a  investigar e interrogarse por el sentido, el fundamento y la función de la familia.  En especial sobre los fundamentos de las relaciones paterno-filiales así como el lugar de los hijos en la familia y la  sociedad actual.
           Tal y como dijimos más arriba, en estas dos últimas  décadas hemos asistido a un verdadero “boom” de la adopción internacional dentro de nuestro contexto. Esta nueva forma de convertirse en familia ha supuesto unos retos importantes para los profesionales  que trabajamos en la administración  en las áreas de menor y familia ya que nos ha obligado a resolver provisionalmente determinados interrogantes. Dos de ellos servirán de guía a nuestra intervención:
·           ¿Qué características, capacidades y disposiciones son las más idóneas para llegar a convertirse en padres de un menor fruto del abandono y el maltrato? Pregunta que nos llevara a hablar de la evaluación-valoración de las familias.
·           ¿Qué aspectos de los mencionados anteriormente jugarán un papel determinante en la construcción posterior de las relaciones entre padres e  hijos adoptivos? Pregunta que nos llevará a hablar del seguimiento tras la adopción.
            3.1 LA EVALUACIÓN-VALORACIÓN DE LAS FAMILIAS.
Los modelos que se han ido desarrollando para la valoración de la idoneidad en adopción internacional están sujetos a determinadas concepciones sobre lo que se entiende por “familia adecuada”.  
            Refiriéndonos al concepto de idoneidad desde el marco legislativo de donde nace, “idoneidad” se asimilaría a “familia”, en el sentido de que lo que se busca en la adopción es una familia adecuada para un menor que no la tiene.
            Desde esta perspectiva, los solicitantes que hacen un ofrecimiento para la adopción serían aptos en la medida de que fueran capaces de cumplir las funciones propias de la familia, es decir: proteger, educar y socializar a un niño. La idoneidad, así entendida,  consistiría en la aptitud necesaria para ejercer todas estas funciones de manera eficaz, lo cual exige contar con una serie de capacidades y circunstancias psicológicas y sociales, que permitan satisfacer las necesidades del menor hasta su acceso a la plena independencia.
            Nos interesa señalar en este punto el cada vez más constatado fracaso del poder de predicción de los modelos de evaluación basado en características de los solicitantes. Son modelos que asimilan la idoneidad a determinadas características personales de los solicitantes (edad, tipología de la familia…etc.) ya que hasta el momento y a pesar de los intentos por mejorar los procesos de valoración psico-social, no se han llegado a identificar patrones o perfiles del buen padre o madre (Palacios 2007). Es necesario que se siga investigando sobre aquellas variables que pueden ser factores de riesgo para la adopción o, por el contrario, elementos facilitadores del éxito del proceso adoptivo así como sobre las herramientas técnicas para detectarlas.
            En este contexto han nacido en los últimos cinco años dos modelos de evaluación de la idoneidad que se desmarcan de la mera evaluación y posterior  valoración de las características de los solicitantes
            1) Modelo de  evaluación de la idoneidad en  adopción  basado en el análisis de necesidades y capacidades (Palacios 2007). El modelo plantea que  si las necesidades infantiles son el eje  de nuestro interés de cara a la adopción, las capacidades que interesa conocer  en los potenciales adoptantes serán el conjunto de características y habilidades de los adultos que se consideran más adecuadas para responder satisfactoriamente a las necesidades infantiles previamente identificadas. Se entiende que los niños que son dados en adopción han pasado por circunstancias difíciles y que vienen generalmente con unas necesidades específicas, las cuales los padres adoptivos han de  satisfacer  adecuadamente,  respondiendo a las demandas de la situación en función de sus capacidades.   
            Hablamos de las tareas específicas que en el ámbito de las funciones educadora, cuidadora y socializadora deberán enfrentar las parejas y/o los solicitantes más allá de un  perfil descrito por unas características.
            2) Modelo de evaluación de la idoneidad en adopción basado en el análisis de la disposición actual de la familia a incorporar, a un menor concretizado en un ofrecimiento (Casalilla, Bermejo y Romero 2006)         
            En este modelo se analiza el proyecto adoptivo que presenta la familia en el momento de su demanda ante la institución, valorándose la adecuación de su ofrecimiento concreto, motivaciones-expectativas, aptitudes y actitudes.
             Esta forma de enfrentar la idoneidad centra su foco de valoración en la adecuación del “producto” proyecto adoptivo que trae la familia actualmente, quedando las características y los perfiles del lado de las disposiciones normativas.
            El capítulo capacidades no ocupa un lugar central, aunque sí es uno de sus fundamentales, pero añade la necesaria disposición a ejercerlas oportunamente dentro del proyecto que la familia  presenta en el momento de la demanda.
            Por ello, que una familia o solicitante individual sean idóneos exige, una serie de aptitudes, una disposición especial en forma de motivaciones, actitudes y expectativas hacia el menor que desea adoptar. 
            En este caso, entraríamos en una concepción dinámica y relacional de la idoneidad, pues dependiendo de las características del menor que se va a incorporar, serán distintas las características y funciones familiares que tendrán que ser puestas en juego para proporcionarle un desarrollo e integración adecuados.
            Así,  en la evaluación de la idoneidad se tiende a evaluar más determinadas capacidades y disposiciones  de las familias  que su adecuación a un perfil o tipo característico.   
            3.2  EL SEGUIMIENTO TRAS LA ADOPCIÓN.
            La segunda tarea a la que nos vemos abocados desde la institución es  detectar e intervenir en las problemáticas que aparecen en las familias adoptivas ya constituidas legamente,  cuando ejercen sus funciones.
             En este punto dirigiremos nuestra atención a los casos más graves, en los cuales la conflictiva familiar desemboca en el abandono del menor previamente adoptado.  
            Las investigaciones que han dirigido su mirada a este fenómeno  muestran a nivel cuantitativo, datos que van desde una tasa del 1´5 % al 10% de abandonos según las muestras y entornos elegidos para investigar (Berástegui 2005). No obstante en esta comunicación nos ocuparemos de las narrativas de las familias que en nuestro servicio pasan por esta circunstancia, lo que nos permitirá  reflexionar conjuntamente sobre dos  aspectos importantes:
  • ¿Cómo saber que procesos operan desde el punto de vista de los adultos en el momento del comienzo de la convivencia  que dificultan su capacidad para erigirse en figuras de referencias estables y seguras, capaces de sostener su crecimiento?   
  • La importancia del sentimiento de pertenencia mutua, filiación.  De cómo esta necesidad de pertenecer (ser filiado por esas personas que no le engendraron) puede entrar en conflicto con la necesidad de apego seguro, representada hasta el momento, por los padres adoptivos.
            En primer lugar dirigiremos nuestra mirada a las crisis en la incorporación inicial que desembocan en la ruptura de la convivencia incluso antes de la propia constitución del vínculo.
            En segundo lugar orientaremos nuestra atención a las crisis más tardías cuando el menor llega a la pre-adolescencia o a la adolescencia y la convivencia se torna imposible.    
    En el primer caso nos estamos refiriendo a las situaciones que han desembocado en  el abandono del menor antes de cumplido el primer año de convivencia. Estos casos se presentan en los servicios de protección  con manifestaciones, que salvando la singularidad de cada caso,  presentan similitudes que pueden ayudarnos a pensar algunos aspectos de la filiación adoptiva.                
         Desde la perspectiva de las familias, el problema detonante  aparece  la queja de que el menor presenta una conducta problemática que compromete muy seriamente el funcionamiento familiar. Las quejas más habituales hacen referencia a conductas agresivas y/o sexuales inapropiadas. El niño se muestra especialmente violento con sus padres y hermanos cuando no consigue lo que quiere o ante las más ”mínima” frustración, con frecuencia es el hijo preexistente  al que se quiere proteger, pues queda comprometida seriamente su educación e incluso corre peligro físico, peligro físico del que no son ajenos los padres.       
            Así las conductas inadecuadas: agresividad, desobediencia, robos, indisciplina…etc. son descritas como “incontrolables”. Sin embargo esa conducta no concierne a la familia, no tiene nada que ver con lo actual de las relaciones establecidas. La problemática es atribuida a procesos traumáticos y aprendizajes de su anterior vida, de su anterior situación, es una herencia patológica, nada tiene que ver con la relación actual establecida con el niño. Algo muy patológico y extraño se ha introducido en sus vidas…la única solución en estos casos es la renuncia, el abandono de ese hijo.
          El diagnóstico más frecuente que desde los sistemas de atención se da en estos casos es el de hiperactividad, trastorno de personalidad.
         La explicación que da la familia, es reduccionista; el menor padecía y padece unos trastornos conductuales que no pueden ser abordados, estos ponen en peligro la estabilidad de la familia, y la convivencia se torna imposible. Esta lectura de los hechos es avalada en muchas ocasiones por profesionales de la psicología y la psiquiatría a través del diagnóstico el cual se convierte en explicación de lo que ocurre.
            Sin  descartar el peso que la historia , los trastornos y  dificultades que el niño con una historia de desamparo puede  padecer, y que sin duda hay que tener en cuenta a la hora de integrarlo en las familias, es necesario tener también en cuenta:  el marco relacional que el niño se encuentra en la actualidad (el cual viene proporcionado fundamentalmente por las relaciones actuales establecidas), el trauma que supone en sí el hecho de la adopción (al margen de la historia y origen del niño), lo que la familia espera de él y si esta familia es capaz de establecer un relación actual con ese niño singular y concreto que supone una renuncia a ese niño que imaginó.

            La capacidad para hacer ese tránsito entre el niño que se espera, y lo que se espera de él, al niño real que llega, con sus demandas concretas y sus peculiaridades por historia y origen, así como la relación actual que establezcamos, va a ser clave a la hora de que la integración tenga éxito o no.
            En los casos más graves, vemos que los padres no han podido fundar una relación en ese encontrarse con lo extraño que no esperan, requisito imprescindible para establecer una relación, crear un vínculo con otro radicalmente distinto y no con la imagen interna idealizada que se tiene del niño antes de llegar.
            Vemos que el proyecto de adopción de la familia, reservaba un espacio muy estrecho al niño por venir. Descubrimos en ese momento que le pedimos que sea el compañero ideal de juegos, compañía de nuestro hijo único, la niña ideal frente a los demás hijos varones, el niño que nos hace olvidar que tenemos problemas de fertilidad…etc.
            Pero difícilmente el niño que vendrá y que reclama como cualquier otro ser humano, un lugar en el mundo, un espacio de pertenencia, una familia con la que sentirse identificado y que le identifique, que respete su origen e historia singulares,  encajará en proyectos tan estrechos y cosificantes, donde las expectativas se convierten en guiones no negociables, en mandatos a cumplir.
            Tentativamente podemos avanzar algunas de las causas que aparecen, entre las cuales podríamos destacar: La rigidez de las expectativas de relación y el extrañamiento de la conducta del hijo por atribución (en exclusiva) al pasado de los aspectos negativos que aparecen en la relación y sobre todo ausencia de preguntas sobre las condiciones actuales de la relación.
            En casos de rupturas tardías, asistimos, bien es verdad  que cada  vez con menos sorpresa, a que el menor que ha venido creciendo  con relativa normalidad en el seno de su nueva familia, casi desde la cuna, empieza a presentar problemáticas de rebeldía extrema, conducta antisociales, robos, vinculación con grupos marginales…etc. Conductas que se tornan incontrolables por parte de los padres, deterioran la relación y acaban con el niño/a en el sistema de protección.
           La posición de los padres en parecida a la descrita en los primeros casos. Sin embargo aquí vemos que los padres sí han podido cuidar, proteger y asumir los retos de la paternidad “hasta cierta edad”. Sin embargo esto no ha sido suficiente como para construir un vínculo lo suficientemente sólido como para soportar el tránsito de niño a adulto, así como los requerimientos de una incorporación social más amplia y compleja que cuestiona su manera singular de estar en el mundo.
      En estos casos sí contamos con la “versión” de los chicos, muchos de ellos nos relatan desde su punto de vista como se han sentido siempre “ajenos” a su nueva familia. Una familia que les ha cuestionado cuando han elegido pareja o profesión “muy por debajo de lo que sus padres esperaban”. Que han podido percibir la vergüenza en la actitud de sus padres cuando otros señalaban su condición de adoptivos y/o su diferencia étnica.  Padres que han sido incapaces de sostener sus angustias, dudas, miedos y preocupaciones en relación a su historia y vínculos pasados. Son chicos que dicen haber encontrado en otros la aceptación y la comprensión  que nunca encontraron en sus familias.
      Muchos adolescentes encuentran esa sensación de valoración, aceptación y pertenencia fuera de la familia, lo que es fuente de muchos desencuentros. 
         Esta casuística pone en primer plano que el  vínculo paterno filial no sólo implica que los nuevos padres sean capaces de convertirse  en una figura segura y confiable que sea capaz de cuidar y educar, sino que además y esto es adoptar en último término,  filiemos a ese hijo de otros,  que le hagamos de nuestra familia, que surja ese sentimiento de pertenencia mutua. 
     Además de cuidar, proteger y educar, la adopción supone que filiemos a ese hijo  de otros, que sea “uno de los nuestros”.  Pues llevará los apellidos de su nueva familiar, lo que implica que será su representante  frente a los demás.
            Más allá del apego y del trato adecuado, en la Adopción no así en otras figuras de protección,  se tiene que dar en el niño un sentimiento de pertenencia  que hará hijo al menor que en su día fue asignado.
            Es por lo que  no podemos dejar de mencionar esta  dimensión que es determinante en el proceso de incorporación a la familia adoptiva y que trasciende a las vicisitudes de la incorporación inicial; el  sentimiento de pertenencia, ya que con respecto a la adopción se viene insistiendo profusamente en aspectos de vínculo-apego, buen trato,  manejo eficaz de la conducta, dejando de lado un aspecto que es quizá el “más humano”. 
            Es importante tener en cuenta que a medida que el niño crece y su círculo social se amplía  esta dimensión  cobrará más importancia, pues sus  relaciones y contactos se harán más complejos y le permitirá identificarse, como hijo nuestro, en su condición de adoptivo,  frente a los demás.
            Para el niño, como para cualquier persona;  pertenecer, tener una identidad, un ser,  un lugar en el mundo, puede llegar a ser, en un momento de su ciclo evolutivo  más  relevante que ser “bien cuidado”.
            Estos casos de abandonos tardíos ponen de manifiesto el cómo se hace necesario contemplar los procesos de interacción compleja entre las necesidades de apego de  los menores y las necesidades de aceptación y pertenencia a lo largo del ciclo vital de la familia adoptiva.
             Las dificultades de las familias adoptivas para conjugar estas dos necesidades de los hijos quizá radiquen en la dificultad   para asumir que la condición adoptiva forma parte intrínseca del vínculo con sus hijos y comprometen seriamente sus capacidades para   acompañar a  sus hijos, desde su incorporación hasta la vida adulta, a descifrar cual es su significado,  pues todo lo que viene de atrás, de su historia, de su familia biológica es vivido como algo dañino y ajeno.
  1. CONCLUSIONES.
            El trabajo en adopción nos hace pensar, gracias al estudio de la “adecuación” de las familias, y de la observación de determinados procesos en los momentos claves de su constitución,  en la necesidad de contemplar el cuidado y atención por parte de la familia adoptiva, como un concepto complejo, del que hay que diferenciar diversos factores, los cuales por otro parte no parecen ligados a determinados perfiles o prototipos familiares.