sábado, 10 de mayo de 2014

ELECCIÓN DE AMIGOS EN EL ADOLESCENTE ADOPTADO



Los compañeros de colegio son, en muchas ocasiones, el primer grupo de iguales. Sin duda representan la aceptación y el rechazo del hijo y de sus peculiaridades, tanto académicas como culturales o raciales. Ellos son el punto de comparación para todo cuanto nuestro hijo haga: si va bien en los estudios, si no está quieto en clase, si es más menos activo, más listo o menos que los otros… Son los compañeros quienes acogen o rechazan a nuestro hijo adoptado por ser blanco o negro, mestizo o asiático, africano o con rasgos caribeños. Ante ellos nuestro hijo se siente válido o acomplejado. Una tarea recomendable para los padres es, sin duda, procurar acercarse a aquellos amigos y compañeros que eligen a su hijo como amigo, o a los que, a su vez, ha elegido él e incorporarlos de vez en cuando a su entorno. Asimismo, también será positivo ayudar a nuestro hijo a pertenecer a algún grupo deportivo, cultural,   etc., donde canalice muchas actividades que, cuando llegue a la adolescencia, deberán estar estructuradas, lo que favorecerá el sentimiento de pertenencia a la sociedad en que vive.
Fuera del ámbito académico, debemos considerar que nuestra sociedad ha pasado de ser muy homogénea en el tema étnico, pues los hechos diferenciales eran poco significativos, a ser multirracial o cuando menos interracial. Actualmente, un alto porcentaje de nuestra población joven, en nuestros barrios y ciudades, incluso en el ámbito rural, está cruzado por etnias y tradiciones culturales procedentes de todos los países, especialmente del Este de Europa, de Suramérica y del Norte de África. En medio de una gran mayoría de raza caucásica, conviven grupos de inmigrantes a su vez heterogéneos, reunidos bajo el aglutinante de su país de origen, que en muchos casos coincide con el país del que proceden nuestros hijos adoptados: Ecuador, Colombia, China, República Dominicana, Brasil, Perú, la India, Rusia, Bulgaria, etc. Los grupos de adolescentes de diversas procedencias se forman en torno a un elemento aglutinante, que puede ser su nación de origen. Los componentes de estos grupos provienen de la inmigración, y a ellos pueden adherirse, como decíamos más arriba, algunos de nuestros hijos por ser de los mismos países y también por ciertas condiciones raciales, historias de abandono en la calle, cierto fracaso escolar, escasa o mala vinculación con los padres, vivencia de cierto complejo de inferioridad o de marginación, incomunicación y falta de diálogo familiar, soledad y los problemas típicos de la adolescencia.
Si la familia no tiene unos vínculos especialmente robustos a los que se sienta bien adherido, nuestro hijo adoptado podrá buscar en esas pandillas la familia que no tiene. En esos grupos se sentirá fuerte, apoyado y defendido, y por solidaridad tendrá que apoyar y defender a cualquier precio a sus compañeros de pandilla. En algunas ocasiones, nuestro hijo perseguirá en estos grupos el sentimiento de pertenencia que quizá no le hemos sabido transmitir. El problema ya no es lejano, sino que puede estar dentro de nuestras casas. En efecto, la adolescencia es el momento oportuno para esa identificación racial, porque el menor está buscándose a sí mismo a través de la comparación con los demás, por la ansiedad de ser aceptado, por conflicto de lealtades y por necesidad de pertenencia y seguridad
El menor se enfrenta a un conflicto de lealtades. ¿A qué grupo pertenece? ¿Con quién comparte más? ¿Quién lo acepta tal y como es? El chico está atravesando un momento de desencuentro con sus padres debido a los estudios; esto le produce una sensación de exclusión y de falta de aceptación, y en este momento surge un grupo que lo busca, que lo elige para estar con él, pero el chico tiene miedo porque sabe que esos menores tienen un comportamiento antisocial que no estaría bien visto por los padres. Sin embargo, es la primera vez que resulta atractivo para un grupo de iguales…
Los padres hemos de estar muy atentos a esta realidad, que ya no es un peligro remoto. Sugerimos a estos una comunicación adecuada con los chicos, buscar la verdad frente a cualquier ocultación sobre sus orígenes, sobre su historia de abandono y cuanto se sepa sobre sus antecedentes. Acompañarlos, cuando ellos lo demanden, a investigar aquellos aspectos que nos sean desconocidos y atender sus verdaderas preocupaciones e inquietudes.
Más allá de esto, solo el establecimiento de auténticos vínculos afectivos con nuestros hijos, que no tienen que estar en contradicción con normas de firmeza, y una dedicación a ellos intensa y sincera, podrá ayudarnos a ser una buena guía para ellos.
Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo. Psicoanalista. Especialista en Adopción.

 

jueves, 27 de marzo de 2014

ADOPTAR: HACER PROPIO LO AJENO


Etimológicamente, adoptar significa hacer propio lo extraño, aquí el significado etimológico  apunta hacia la esencia del proceso.  Hacer hijo por la vía de la adopción a un menor procreado por otros, y que nos ha sido asignado por un sistema de protección, supone hacer propias, de nuestra familia, muchas cosas que hasta la fecha nos eran perfectamente ajenas: su historia, que será la nuestra en muchos sentidos, su origen, sus peculiaridades.
Cuando hablamos del niño ideal que construimos los padres en la espera, hablamos de un niño "propio" pues éste,  con sus defectos y virtudes fue construido del material de nuestros sueños. El niño que llegará es otro.

En este punto es normal que a veces tengamos sentimientos de extrañeza y rechazo ante determinadas reacciones, gestos, conductas, rasgos físicos de nuestros hijos, que son directamente atribuidas a su pasado, a su origen biológico, en definitiva algo ajeno a nosotros.

Aquí debemos detenernos, no apresurarnos, no entenderlo todo demasiado pronto. Por eso debemos insistir en los grupos de formación de padres y en la evaluación de la idoneidad que adoptar va más allá de cuidar, educar y proteger. Para desempeñar estas tareas es suficiente con conocer y comprender las singularidades ajenas sin hacerlas nuestras. Con nuestro hijo deberemos hacerlas necesariamente nuestras. El sentimiento de pertenencia, deberá ser compartido y debe empezar por nosotros, pues nuestro hijo llevará nuestros apellidos y nos representará,  deberá percibir que es “uno de los nuestros”.
Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo.

martes, 25 de marzo de 2014

ADOPCIÓN Y ESCUELA: ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS


La incorporación  a la escuela del niño adoptado supone un cambio más a sumarse dentro del “mare mágnum” de cambios  que  implica  la adopción. En  su caso,  el ingreso en la escolaridad  puede poner de repente sobre la mesa, y convertir en problema: la escasa estimulación previa, la falta de  hábitos para adquirir conocimientos reglados, la dificultad para mantener la atención y la adquisición de  un idioma diferente.
De otro lado  encontramos a los profesionales implicados en el trabajo con los niños, los cuales se encuentran con una problemática absolutamente heterogénea, y de la que hasta hace bien poco no tenían noticia, y para la cual el sistema educativo no contempla “protocolo” de actuación,  teniendo limitados recursos para gestionar los conflictos derivados de tan novedosa condición.
Niños, padres y profesionales contemplarán estupefactos y a veces sin interlocutores válidos,  algunos de los efectos que supone la ruptura existencial que implica  la adopción, por lo que no es infrecuente que surjan problemas en diversos aspectos de su integración escolar, tanto en lo que concierne a su rendimiento escolar como en lo que concierne al ámbito relacional y vincular.
De cara a prevenir y abordar  las dificultades que pudieran surgir, es necesario tener en consideración algunos extremos que pueden resultarnos útiles:
·          Que muchos niños  presentan un nivel inicial más bajo en su desarrollo como resultado de sus carencias emocionales y   ausencia de experiencia en aprendizajes reglados de todo tipo, lo que  puede tener repercusiones  importantes  en el aprendizaje.
·         Que la falta de seguridad afectiva, así como la necesidad de hacerse cargo de este nuevo mundo,  demanda al niño prestar atención a muchos frentes, de ahí que la capacidad de atención pueda percibirse come reducida en el ámbito escolar. 
·         Que las vivencias que han experimentado los niños adoptados pueden traer como consecuencia algunas dificultades que afectan no sólo a su capacidad de aprender, comprender el nuevo idioma, y  centrarse en las tareas,  sino  también a manera de relacionarse con adultos e iguales de su entorno.
·         Que los efectos del cambio brutal de vida y las experiencias pasadas pueden llevarnos a diagnósticos erróneos, ya que en ellos se compara al niño recién incorporado con el niño que lleva en la familia  desde su nacimiento
No obstante no debemos perder de vista que la convivencia escolar posibilita a las menores numerosas situaciones para superar problemáticas sufridas y deben ser un ejemplo de lo que realmente debe ser la convivencia social en un marco que va más allá de la familia.
Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo. Especialista en Adopción.

martes, 4 de marzo de 2014

CONSERVACIÓN DE LA LENGUA MATERNA EN ADOPCIÓN





En adopción internacional el proceso de adquisición de la lengua materna se interrumpe abruptamente en su aprendizaje y  es  sustituido por una segunda lengua. Si una lengua no se utiliza y carece de valor funcional desaparece. Es por lo que en un niño adoptivo (dentro del primer año en su nuevo hogar) la lengua materna se extingue rápidamente y la nueva lengua  asume sus funciones.
El idioma de origen, en muchas ocasiones, no tiene ningún significado funcional  para  el niño, mientras que necesitan el  idioma en el que están inmersos plenamente funcional para su adaptación material y relacional. Su anterior idioma, en la inmensa mayoría de las ocasiones, no será apoyado (hablado) por su nueva familia, sin embargo esa misma familia le proporcionará el modelo de  lengua actual apropiado.
La enseñanza de su lengua de origen  o apoyos para el mantenimiento de la misma  (para sólo una parte del día y sin el lenguaje de la familia)  conducirá en no pocas ocasiones a una turbación en la comunicación  y a generar confusión. En este caso, el esfuerzo por el mantenimiento de la lengua, sería un gasto de tiempo y recursos cuestionable así como una posible interferencia en el estudio del  idioma del nuevo país en el que están inmersos. El vínculo lingüístico favorece el apego y el niño que aún no tiene rudimentos del nuevo idioma  con el que se comunica con sus padres puede percibir mensajes contradictorios. No pocos chicos rechazan el mantenimiento de su lengua original porque fantasean que se les prepara para un posible "retorno".
Una frecuente y errónea comparación a este respecto es la que se hace con niños inmigrantes. Para los niños de familias inmigrantes, la adquisición de una nueva lengua a menudo está basada en un   modelo “aditivo”, se dará una  relación dinámica entre las primeras y segundas lenguas, pudiéndose cambiar su predominio, su importancia subjetiva y su dominio relativo. Cuando la segunda lengua es agregada a las habilidades del niño sin peligrar sustancialmente su lengua materna llamamos este el modelo “aditivo” de bilingüismo ya que son familias inmigrantes con su lengua materna totalmente funcional. Este no es el caso de la adopción.
Así puede ser una dirección errónea, la educación y actividades bilingües relacionadas con la lengua de origen, que se realizan en muchos lugares (dirigidos por una mal entendida prescripción de conservar la cultura y raíces, o bien por considerar el idioma inicial del menor como un “valor añadido” del currículo futuro del menor).  Así a la hora de fomentar la conservación de su lengua es necesario tomar en consideración la edad del niño, el valor funcional de su lengua, el significado vincular de la misma…etc.

AYUDA EN LA POSTADOPCIÓN


Acompañar y ayudar

La adopción es una forma diferente de llegar a ser padres.  La existencia previa del que llegará a ser nuestro hijo,  marcará algunas peculiaridades de la relación paterno-filial, que nos acompañaran toda la vida. El cómo sean vividas y pensadas estas peculiaridades determinará el destino de  la relación.
“El Reto de ser padres: guía práctica de postadopción” nace de una larga experiencia de un grupo de profesionales de la adopción,  en acompañar a los padres en la solución de las problemáticas que surgen en la relación, y pretende atravesar las temáticas que más se suscitan en la consulta postadoptiva, brindando un texto que haga compañía y permita reflexionar a los padres  sobre los retos que supone la incorporación del menor a una nueva familia, y las dudas que surgen en el  guiarle a crecer y ser feliz en una nueva sociedad.
  El reto de ser padres. Guía práctica de postadopción. Editorial Salvat-Bruño.

Dirección de la obra: Juan José García Ferrer
Coordinación: Juan Alonso Casalilla Galán

Número de páginas: S/C Autores:  J.A. Casalilla . Lila Parrondo , J. A Reguilón , Felipe Marín, Fernando Bermejo

Formato: 190 x 240

Características: cartoné, interiores en bicolor
  • Libro eminentemente práctico, muy visual y divulgativo.
  • Toca todos aquellos aspectos que los padres que quieren adoptar necesitan saber, tanto en la etapa de preadopción como, sobre todo, en la de postadopción.
  • Incluye páginas de consejos para superar con éxito todo el proceso, teniendo en cuenta tanto la perspectiva de los padres como la de los hijos.
  • Muchos de los consejos se pueden aplicar tanto a los hijos adoptivos como a los biológicos.
  • Se ocupa del niño desde la primera infancia hasta la adolescencia, de modo que el abanico de edades es muy amplio.
  • Se aportan testimonios reales, que llegarán más al lector.
  • Incluye también glosario, lecturas recomendadas y una lista de organismos oficiales relacionados con la adopción y el menor, en todas las Comunidades Autónomas.

viernes, 10 de enero de 2014

ADOPCIÓN Y ACOGIMIENTO: EL NIÑO IDEADO POR LOS PROFESIONALES


Con demasiada frecuencia los profesionales que trabajamos en el ámbito de la infancia protegida, damos una visión patológica  y deficitaria del niño que formará parte de la familia

Hacemos hincapié en las heridas emocionales sufridas por el maltrato y la negligencia en los cuidados de que han sido objeto, la ausencia de figuras de apego, las secuelas producidas por los más o menos largos períodos de institucionalización, el origen marginal o estigmatizado de sus progenitores. 
Contribuimos en muchas ocasiones a construir una idea del niño "por venir" que contribuye en muchas ocasiones a sumar velos en la posterior relación con el niño.

La insistencia en aspectos deficitarios del niño, consecuencia de una historia llena de deficiencias, traumas y rupturas, contribuye erróneamente a “imputar” al pasado problemas cuyo origen están en las relaciones actuales. No pocas historias de fracaso y abandono tras una adopción se fundamentan desde la familia en problemas cuyo origen es remoto y ajeno a toda circunstancia actual. Las circunstancias excepcionales que sufren los niños y niñas que serán adoptados y/o acogidos deben de ser comunicadas con extremo cuidado en la formación previa, sobre todo cuando se habla “los niños en general”, pues no debemos olvidar que en ese momento no hablamos de nadie y en no pocas ocasiones sirve a las familias cuando surgen dificultades para eludir preguntas en relación al presente. 

El haber sido objeto de una toma de medida de protección (adopción /acogimiento)  no es una enfermedad, ni las situaciones que llevan a ella producen un cuadro sintomático reconocible
Detrás de cada niñ@ hay una historia y circunstancias concretas que lo hacen distinto a cualquier otro. La condición de adoptable y el llegar a ser por tanto adoptado es una denominación detrás de la cual existen infinidad de circunstancias.  

Además, todo problema actual, pide una respuesta actual.  
Desde este punto de vista la adopción no explica nada.

martes, 9 de abril de 2013

ADOPCIÓN: EL ESTABLECIMIENTO DEL VÍNCULO AL INICIO DE LA CONVIVENCIA.


De cara el desarrollo psíquico del niño, la vinculación afectiva, el apego a una figura cuidadora y de referencia, es determinante para su desarrollo. Esta función de apego a otro será  el sostén para la satisfacción de sus necesidades básicas, su crecimiento, y  la constitución de su identidad como futuro adulto.
Las investigaciones a este respecto han demostrado que las condiciones en que se proporciona este sostén son determinantes para que el vínculo cumpla sus funciones de manera adecuada. Esta adecuación puede resumirse de manera muy sintética de la siguiente forma: el adulto debe proporcionar una base segura a partir de la cual se pueda explorar el mundo y crecer, una base que permitirá al niño alcanzar una autonomía adecuada a cada ciclo, autonomía e independencia que tiene como condición que ese otro estará presente cuando surja un interrogante o una duda en relación a lo nuevo que se encuentre.  Nuestros hijos necesitarán, desde el principio y  a lo largo de su desarrollo, que seamos una base segura a partir de la cual crecer y desarrollarse hasta llegar a su plena autonomía como sujeto. Esto implica un camino que va desde la dependencia a la autonomía, dependencia necesaria al comienzo, autonomía como destino de un recorrido sano.
Debemos de tener en cuenta que este establecimiento del vínculo no tiene lugar de manera instantánea, nuestro hijo debe aprender a identificarnos como  esa base segura y confiable de la cual depender al principio. No olvidemos que este lugar debemos de ganarlo.
Es aquí donde debemos tener presente la historia vincular de nuestro hijo adoptivo, ya que en la mayoría de los casos, nuestro hijo, no ha dispuesto de personas que le hayan proporcionado un vínculo adecuado y sostenedor. Esto no quiere decir que no se haya apegado a ellas, que sean su referencia de lo que es el adulto cuidador.
Por lo tanto en el momento de la incorporación nuestro hijo, tendrá una referencia más o menos consolidada de lo que son los adultos y/o padres en base a lo que aprendió de los adultos que le cuidaron y amaron “a su manera”.
Estos adultos de los que ha dependido han podido ser personas que por su problemática no han estado lo suficientemente disponibles para el niño, han podido dispensar una atención  que no dependía de sus necesidades, proporcionando un trato negligente, e incluso han podido someter al niño a malos tratos de cualquier índole. Puede darse el caso también de niños que tienen detrás una historia larga de institucionalización y no han tenido figuras de referencia estables, y aunque han podido estar razonablemente atendidos en sus necesidades básicas no han tenido una figura de apego que dé seguridad y estabilidad.
También puede darse la circunstancia de pequeños atendidos en familias de acogida con más o menos suerte.
Por todos estos motivos es normal que al comienzo de la relación, aparezcan reacciones que nos pueden parecer extrañas, contradictorias o incluso patológicas si las contemplamos fuera de contexto. A continuación exponemos algunas de ellas:
-Tristeza: A consecuencia del duelo por las personas y entorno que perdió. Es importante tener en cuenta que la adopción supone una pérdida del mundo conocido hasta la fecha. Esta pérdida de las personas y entorno en el que se había depositado el afecto conlleva necesariamente un duelo.
-Ansiedad- Inquietud: ante la incertidumbre de qué pasará en este nuevo entorno en el que ha sido “colocado” por otros,  y de cómo se portarán estos adultos que dicen ser sus padres.
-Rechazo/hostilidad: recordemos que somos para ellos unos perfectos desconocidos. Y además  en su historia, los adultos que le han rodeado no le han tratado de acuerdo a sus necesidades,  el contacto físico para él ha sido, en muchas ocasiones,  la antesala de una conducta mal-tratante.
-Indiferenciación de las figuras de apego: al principio el niño no sabe “quién es quién” y se muestra simpático y conciliador con todo el mundo.
-Apego a uno solo de los padres: Por diversas circunstancias el niño ha aprendido que las figuras de determinado sexo son más confiables. Por otra parte no conoce el concepto de “familia” y “pareja”  ni  que esos dos adultos que están en la misma casa son sus padres y forman de cara a él una unidad.
-Sobre-adaptación:  El niño puede sentir la situación con tanta incertidumbre y miedo que sienta que tiene que acomodarse a los deseos y expectativas del adulto, pues si no es así, lo que ocurrirá, y es lo que  ha podido venir ocurriendo hasta la fecha en su relación con los adultos,  es que sea abandonado o maltratado.
-Actitud “híper-vigilante”: los padres suelen referir además, que el niño se muestra muy atento y pendiente de las reacciones de los adultos del entorno. Todavía no sabe cómo somos. Es inteligente estar alerta.
- Apego ansioso: nuestro hijo/a tendrá miedo a separarse de nosotros, ¿volveremos a abandonarle? Esto suele interpretarse por parte de los padres como excesiva dependencia o “buen apego”.
En estas reacciones, normales desde su perspectiva (recordemos que se encuentra en un mundo por descifrar) podemos encontrar la comprensión de cómo evolucionan los comportamientos de apego en el proceso de incorporación sea cual sea la edad de nuestro hijo.
Entre otras ocasiones los padres informan  de una etapa que ha dado en llamarse de “luna de miel”, donde el niño se muestra al principio solícito y encantador. Donde inhibe cualquier manifestación negativa, hasta que siente cierta seguridad en el vínculo. Cuando se sienta seguro y confiado en el vínculo expresará su malestar y podrán aparecer conductas menos adaptadas. Aquí aparece una señal de mejora.
Debemos tener esto en cuenta no para quedarnos fijados en un pasado que no es como debía de haber sido, sino para ser conscientes que la experiencia de apego que debemos de proporcionar sea la adecuada.
Nuestro hijo tendrá que aprender que como padres son una referencia segura y estable. La  seguridad y la estabilidad generará la necesaria confianza que nuestro hijo tendrá que atribuirnos, y esto no se da por hecho, los padres nos la tendremos que ganar.
Nuestro hijo aprenderá que somos una base segura y confiable si realmente lo somos, si somos capaces de transmitir esa seguridad y estabilidad a través de la relación en todas las dimensiones de la vida cotidiana: atención de sus necesidades básicas (alimentación, descanso, auto-cuidado, higiene personal), supervisión de su conducta (transmisión de normas), apoyo afectivo, actividades lúdicas…etc.
A partir de su incorporación nuestro hijo necesita esa continuidad que no ha tenido, continuidad de su ambiente, de sus normas, de las personas en quién confiar y dirigirse.
Las palabras claves que pueden servir de guía para este momento de ajuste mutuo son: Seguridad, estabilidad, confianza, fiabilidad. Debemos  propiciar una continuidad de su mundo y sus afectos de la que no ha podido disfrutar hasta la fecha.

Juan Alonso Casalilla Galán
Psicólogo. Especialista en Adopción