lunes, 10 de noviembre de 2014

LOS PRIMEROS MOMENTOS DE LA CONVIVENCIA: ALGÚN APUNTE SOBRE DUDAS Y MALESTARES


Tal y como venimos diciendo en anteriores entradas el proceso de incorporación o ajuste mutuo en adopción es crítico, crítico en el sentido de determinante y decisivo, sin embargo no necesariamente problemático.
Es por lo que, y sobre todo en los primeros momentos de la convivencia, es necesario ser muy conscientes  gran cantidad de cambios que se   producen así como las múltiples variables que están determinando nuestro comportamiento y el de nuestro hijo. 
Para no precipitarse a la hora de resolver que nos encontramos ante un problema y “patologizar” a nuestro hijo…  ¿Qué  podemos hacer?:

1. Evitar etiquetajes prematuros
En el proceso de incorporación,  sobre todo en los primeros meses, pueden aparecen conductas que si no son adecuadamente contextualizadas considerando origen e historia, pueden  ser vistas como expresión de patologías graves. Recordemos los múltiples  ejemplos de conductas extrañas a la hora de comer,  modos de relacionarse…etc.  
De igual manera podemos hablar de los rendimientos escolares y del nivel de desarrollo evolutivo. Encontraremos disarmonías en el desarrollo, retrasos e inhibiciones, resultado de la ansiedad de la situación de ruptura que supone la adopción y de experiencias pasadas. Muchas de estas conducta y/o rendimientos si son evaluados prematuramente y fuera de contexto, pueden conducirnos a un juicio equivocado.

Distingamos  diagnóstico precoz, fundamental para el adecuado abordaje de cualquier problema, sea médico o psicológico del diagnóstico “apresurado” que nos puede precipitar a errores en las intervenciones. Para lo cual es recomendable dirigirse a especialistas conocedores de la Adopción.

 2.  Centrarse en la actualidad de la conducta
Es de vital importancia centrarse en la actualidad de la conducta, en qué circunstancias se manifiesta “ahora”.
Es necesario no caer en la trampa de convertir el pasado en causa. Insistimos en que debemos dar el justo lugar a la historia.
Muchas veces las dificultades que encontramos, tienen su principio y fin explicativo en lo que acontece actualmente, el pasado no debe se un coartada
En este punto surge un peligro muy común entre muchos adoptivos, este peligro tiene una de sus fuentes en que a veces son padres que por su interés por dar un trato adecuado a sus hijos cuentan con una cantidad ingente de información sobre las peculiaridades y consecuencias del maltrato en la infancia, conocimiento del desarrollo evolutivo de los niños…etc. y hacen juicios bien fundamentados en el saber científico sobre la materia, juicios que tienen  que ver con la generalidad de los menores susceptibles de ser adoptados, pero que poco tienen que ver con las circunstancias peculiares que se están dando en la relación “aquí” y “ahora” de la relación.
Recordemos lo dicho en la entrada dedicada  al “lugar de la historia”.

 3.   Valorar las distintas dimensiones del problema.
Los problemas  que más preocupaciones  causan  a los padres, pues comprometen la convivencia en el hogar y en la escuela,  tienen que ver con una expresión del malestar del niño hacia fuera,  y aparecen detrás de quejas del tipo: “Es muy inquieto, no para, no centra la atención en nada” “no acepta normas y límites; es retador” “ha empezado con robos y pequeños hurtos” “es agresivo con otros niños” ”miente, manipula, engaña” “tiene una conducta sexual inapropiada”…etc.
Sin embargo,  no debemos olvidar la perspectiva del niño, el cual sufre, a veces en silencio, miedos e incertidumbres sobre su lugar en la familia, cansancio por el esfuerzo que supone asimilar tantos cambios…etc. que inhiben su funcionamiento mental, manifestándose estas problemáticas con  unas expresiones, menos alarmantes, cursando como depresiones, inhibiciones en el desarrollo cognitivo que son achacadas a falta de motivación o déficit intelectuales.
Son circunstancias que despiertan, como decimos,  menos alarma y son consideradas por el entorno tanto familiar como social como menos problemáticas. Pero no por ello son  menos graves ni dignas de atención,  ya que pueden tener efectos muy negativos a largo plazo. En muchas ocasiones una “luna de miel” prolongada ha ocultado aspectos sin resolver de la relación, de la  condición de hijo adoptivo, ansiedades e inseguridades  que hacen su aparición de manera brusca en la adolescencia y pre-adolescencia de los chicos.

4. Búsqueda de ayuda profesional
Si el problema se permanece o empeora con el tiempo, y tras haber puesto en práctica todo lo que sabemos, continúa,  no debemos de dudar en pedir ayuda profesional.
Pedir ayuda   no nos devalúa como padres, es lógico que haya circunstancias que nos desborden y nos produzcan un profundo malestar. Mantener este tipo de situaciones es  perjudicial para nosotros como padres y para nuestros hijos.

          Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo. Psicoanalista. Especialista en Adopción y Acogimiento Familiar. 

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