viernes, 27 de junio de 2014

EL APOYO ESPECIALIZADO TRAS LA ADOPCIÓN O COMO CONTRIBUIR A PREVENIR LA APARICIÓN DEL MALESTAR A LO LARGO DEL CICLO VITAL DE LA FAMILIA QUE ADOPTA.


La adopción es un acto jurídico a través del cual un niño o niña, que no es hijo biológico de unos padres determinados, se convierte legalmente en su hijo con plenitud de derechos; generando en los padres las mismas obligaciones y derechos que cualquier padre o madre tiene respecto a sus hijos biológicos. 

Sin embargo esta plena igualdad, efecto del derecho y que legitima el vínculo, no elude la necesidad de dar cuenta de las singularidades que supone la incorporación no natural, de un hijo a la familia.

Necesariamente los padres adoptivos tendrán que ayudar a descifrar a sus hijos,  las significaciones múltiples que tendrán para ellos, esta forma distinta a la habitual de llegar a formar parte de de una nueva familia. Porque estas singularidades se manifestarán a lo largo de todo el ciclo vital de la familia adoptiva,  debiendo ser  oportunamente atendidas y no negadas.  Tenerlas en cuenta no supone devaluar la legitimidad del vínculo,  supone al contrario, cuidarlo de acuerdo a las peculiaridades que presenta.

Concretando un poco más, podemos decir que la maternidad/paternidad adoptiva presenta unas características propias, efecto de la ruptura existencial que supone la adopción para el menor,  que es imprescindible conocer y aceptar, entre las cuales podemos mencionar las  siguientes:

         Requiere de los nuevos padres, la disposición a aceptar y asumir  la historia previa del niño.  Nuestro hijo fue hijo de otros”.

         Requiere  también la capacidad de convivir con sus recuerdos, los cuales pueden resultarnos profundamente ajenos y despertar en los padres sentimientos ambivalentes difíciles de gestionar.

         Requiere de la comprensión de las dificultades de integración del niño, atendiendo a las peculiaridades de aquellos casos en que provenga de una etnia o cultura diferente.

         Exige la aceptación del derecho que tiene el niño a conocer la verdad sobre su adopción y sus orígenes.

Estas  “características propias” hacen que a lo largo de toda la vida, las familias adoptivas se confronten con su  propia historia, y con la necesidad de dar explicaciones sobre la forma en que cada uno de los miembros se ha integrado a la misma. Abocando a la familia a una serie de “tareas” a lo largo del tiempo, entre las cuales podemos mencionar:

·        En el momento del encuentro con el hijo y el posterior proceso de vinculación, se recibirá a un niño con una historia propia, con el que habrá de crear  un vínculo afectivo y de pertenencia familiar.

·        Durante un tiempo, más o menos prolongado, la familia adoptiva deberá someterse  a un proceso de seguimiento de la integración familiar por parte de las autoridades que intervinieron durante el proceso.

·        La necesidad de hablar y explicar al niño la forma en que se incorporó a la familia; los acontecimientos de su historia previa; las razones que motivaron su adopción; y la existencia de otra familia – la biológica – que permanecerá en el recuerdo del niño durante toda su vida y con la que los padres deben aprender a convivir.

·        Durante la adolescencia, etapa de cambios por antonomasia, cambios corporales y cambios conductuales, y en que muchas veces las rebeldías propias de la adolescencia puedan ser mal interpretadas como conductas heredadas por la biología, que también enfrentarán a la familia a su forma de constituirse.

·        Cuando en algún momento, el hijo ya adolescente decida iniciar la búsqueda de sus orígenes y todos nos enfrentemos al fantasma de la pérdida de los vínculos afectivos logrados.

Llegados a este punto vemos como la maternidad/paternidad adoptiva supone una serie de retos específicos que requerirán de una atención especializada, atención que encuentre un adecuado equilibrio para que menores y familias no se sientan diferenciados (devaluándose o ensalzándose la vinculación a través de la adopción) pero que a la vez atienda a ciertas dificultades e interrogantes  que pueden surgir fruto de esta forma de llegar a ser padres.

Las instituciones públicas, como garantes de los derechos de los menores deben procurar que sean atendidas las necesidades de los miembros de la comunidad.  El menor adoptado y su familia  no puede ser una excepción. El volumen de menores adoptivos que se han incorporado a nuestra sociedad, sobre todo por el auge en los últimos años de la adopción internacional es muy importante, y ya son muchas las dificultades que han aparecido: dificultades de integración social, escolar y familiar, truncamiento de la relación…etc.

Todo esto hace necesario que las instituciones lideren la organización de unos servicios de apoyo post-adoptivos eficaces,  que presten apoyo especializado a la responsabilidad adquirida por estos padres, que lo son de pleno derecho. Sólo así podremos prevenir la aparición de dificultades de integración social y familiar, que con una atención temprana podrían haberse evitado.

Estos servicios de apoyo post adoptivos  deben de recoger   los siguientes objetivos:

1.     Mejorar las capacidades de los padres para hacer frente a los retos específicos que supone la paternidad/maternidad adoptiva.

2.     Creación de una red que  permita un proceso de recuperación del menor en diferentes ámbitos del desarrollo: desarrollo físico y neurológico, cinético y emocional.

3.     Mejorar las capacidades del menor para afrontar sentimientos de pérdida, formación  de identidad y búsqueda de orígenes.

4.     Acompañar y orientar a los padres en situaciones de crisis y/o de especial dificultad en la integración familiar y social de menor.

5.     Prevenir  situaciones de “truncamiento” de la relación y posible situación de desamparo.

6.     Generar cultura de la Adopción.

7.     Acompañamiento en la búsqueda efectiva de Orígenes.

Como reflexión última, sólo cabe decir, que únicamente una atención especializada tras la adopción, hará verdadera esa promesa implícita, de una vida mejor que se hizo a un niño, el cual fue separado de su entorno, por considerarse éste,   perjudicial para su desarrollo.

 

Juan Alonso Casalilla Galán 


 

 

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